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17/01/12

La crisis financiera global: ¿El fin del neoliberalismo?

Por Eduardo Reyes Cartagena

Sin duda el “clan Bush” (Bush padre y Bush Jr.) ha sido el responsable no sólo de la nueva política intervencionista de Estados Unidos que inicia después de la caída del Muro de Berlín, sino de la primera crisis financiera global. La primera economía del mundo que se regía hasta hace poco por principios neoliberales ha mostrado que una falta de regulación adecuada—en este caso del sector financiero— puede propiciar desajustes de grandes dimensiones. ¿El anuncio del famoso rescate bancario más grande de la historia del mundo es una muestra de que ha iniciado el fin del neoliberalismo? Es algo que no se puede saber, pero sí representa una oportunidad para ejercer la crítica de lo que hasta hace poco se consideraba intocable: el capitalismo neoliberal.
Las desigualdades socio-económicas se han incrementado en los países desarrollados, el proceso de concentración de capital se ha acelerado con la caída del bloque soviético; de hecho, Rusia vivió —y vive— una especie de régimen capitalista salvaje. Y los países latinoamericanos no han sido la excepción, un ejemplo de ello es México: el país más desigual del orbe.
El neoliberalismo nos ofrecía un mercado altamente competitivo donde las empresas operarían con el mínimo de injerencia por parte del estado, con esto se pretendía el aceleramiento del proceso de producción de riqueza y, por tanto, el desarrollo general de una nación; pero la desregulación y privatización sin límites han generado en muchos casos corrupción, la aparición de prácticas monopólicas en diversos sectores de la economía y, sobre todo, la concentración de la riqueza en una minoría privilegiada cada vez más rica y una masa cada vez más numerosa y más pobre.
Los creadores de la democracia liberal lograron limitar el poder político, imaginaron un conjunto de procedimientos para que el objeto de posesión (en este caso el poder político) no lo detentara todo y siempre una persona o una oligarquía. El ejercicio temporal del poder mediante elecciones periódicas; la existencia de diversas opciones políticas: sistema multipartidista para evitar la existencia de un régimen de partido único; la división de poderes para evitar que las funciones gubernamentales se concentrasen en una persona; etc. fueron algunos mecanismos que se idearon para evitar la concentración del poder, y todo esto sin transgredir principios liberales o democráticos. Se crearon, así, sistemas de gobierno mucho más dinámicos que los anteriores: la monarquía o la tiranía. Cada grupo o facción podía acceder al poder y ejercerlo, sabiendo en todo memento que este privilegio no iba a ser eterno ni absoluto. ¿Ha llegado el momento de que estos sistemas sean todavía más dinámicos y más abiertos? Pero, sobre todo, ¿ha llegado el momento de empezar a idear límites a ese sector que permaneció intacto a la crítica? Me refiero a la parte económica y en específico al objeto de posesión por el cual existe la competencia económica: la riqueza. ¿Es posible crear un sistema económico más dinámico que no deje de ser capitalista, fundamentado en principios liberales y no socialistas o comunistas? ¿Un sistema que permita una mejor distribución y redistribución de la riqueza y que, a la vez, sea respetuoso de la propiedad privada? ¿Un sistema que limite la injerencia del estado en la actividad económica, pero que limite, a su vez, la participación de la iniciativa privada? Tal vez sea demasiado pronto para iniciar esta crítica o tal vez ya debimos haberla iniciado.